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Como oir a Dios

    UNIVERSIDAD PROFETICA REDIME

            UPRE VENEZUELA

 

       PRIMERA PARTE

       Aprende a  escuchar

 

 

 

“Mirad, pues, como oís; porque a todo el que tiene, se

Le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa

Tener se le quitará”.

Lucas 8:18

 

Capítulo 1.: Dios nos habla todos los días

 

Nada podrá satisfacer nuestro anhelo de Dios, sino la comunión y el compañerismo con Él. El profeta Isaías expresó tan bien nuestra hambre de Dios cuando escribió: “En la noche (oh, Señor) te desea mi alma, en verdad mi espíritu dentro de mí te busca con diligencia” (Is 26:9). Oír a Dios es vital para poder disfrutar de su plan eterno para nuestras vidas. Pero escucharlo es nuestra decisión; nadie más puede hacerlo por nosotros. Reconocer a Dios significa interesarnos en lo que Él piensa y pedirle su opinión.  Es la voluntad de Dios que alcancemos el conocimiento de ese plan por medio de su divina guía. Porque Él siempre tiene algo que decirnos sobre las nuevas situaciones que nos toca enfrentar. Pero el Espíritu Santo puede estar en todos y cada uno de nosotros todo el tiempo, dondequiera que vayamos, para dirigirnos y guiarnos en forma personal. Oír la voz de Dios no solo es apasionante, sino que además nos mantiene en el camino correcto. Necesitamos que el Espíritu Santo nos guíe cada día de nuestro tiempo en esta tierra. Uno de los mayores beneficios de escuchar a Dios es que Él nos ayuda a prepararnos para el futuro. Él nos ayudará a conocer, a comprender y a apreciar los dones divinos y las bendiciones que Dios nos ha concedido. Nuestro andar con Dios se produce dando un paso de obediencia a la vez. Por fe, damos el paso que Dios nos ha mostrado, y luego nos dirige al siguiente. Para muchos, escuchar es una capacidad que debe ser desarrollada mediante la práctica. Cuando le pides algo a Dios, dedica un tiempo a escuchar. Aunque no te responda de inmediato, Él lo hará a su debido tiempo. Él te hablará en el momento justo. Una vez que comenzamos a oírlo y a escucharlo, es importante obedecer lo que Él nos diga, sea lo que fuere. La buena noticia es que no es demasiado tarde para volverte y comenzar a caminar en una nueva dirección: rumbo al plan y al propósito de Dios para tu vida. Él tiene para darte ideas que ni siquiera se han cruzado por tu mente. Escúchalo cuidadosamente; luego sigue las directivas dadas en Juan 2:5:“Haced todo lo que os dijere’.

Capítulo 2.: Cómo crear una atmósfera donde oír a Dios

Si queremos que el Espíritu de Dios nos conduzca hacia la victoria, tenemos que estar dispuestos a cambiar nuestro modo de vida cuando Dios nos habla. Conoce a Dios, Conoce su carácter, y estarás capacitado para discernir las voces que vienen a tu mente, si provienen de Él, de ti, o del enemigo. Jesús dijo que la gente tiene oídos para oír, pero no oye; y Ojos para ver, pero no ve (ver Mt 13:9-16). Él no se refería a nuestros oídos físicos; hablaba de los oídos espirituales que recibimos cuando nacemos en el Reino de Dios, que están sintonizados para captar la voz de Dios. Para poder escucharla, necesitamos tener una actitud de quietud y de expectativa. Es necesario que escuchemos a Dios con esta misma actitud de expectación, como si supiéramos que está a punto de darnos información importante que afectará los proyectos que organizamos. Hay que crear una atmósfera de expectativa que diga: “Dios, estoy escuchando.

La Palabra garantiza que podemos confiar en que Dios nos instruirá sin necesidad de la confirmación constante de los demás: Lo que sí dice es que, si estamos en Cristo tenemos una unción que permanece en nosotros para guiar y dirigir nuestra vida. El Espíritu Santo habita dentro de nosotros porque Dios quiere que seamos individualmente guiados por su Espíritu. El Señor está diciendo muy claramente que no debemos fundar nuestra fortaleza de la carne humana. Severas consecuencias esperan a quienes confían en la fragilidad humana; pero son benditos aquellos que honran y confían en la unción de Dios que habita en ellos. Dios es el único que puede ministrarnos vida. Pablo guardó la Palabra de Dios en su corazón, dejando que creciera y se manifestara por sí misma. Entonces comenzó a hacer lo que había sido llamado a hacer. Pronto los demás empezaron a reconocer que él evidentemente tenía un llamado de Dios. Pablo termina diciendo: “Y glorificaban a Dios en mí” (Gálatas l: 24). Cuando oímos a Dios, no tenemos por qué esperar que tres personas vengan a decirnos lo mismo; simplemente debemos tener una actitud de fe, como Pablo, y esperar que Dios nos muestre el próximo paso. Mantener una actitud de fe te ayudará, con toda seguridad, a avanzar hacia el cumplimiento de tu llamado.  Simple: Ora y obedece, porque Dios te dio la capacidad

Capítulo 3.: Dios habla por medio de la revelación sobrenatural

No hay nada más sobrenatural que la Palabra de Dios, dada a nosotros por la divina inspiración del Espíritu Santo que habla a través de sus profetas y discípulos. Ninguno de todos los otros medios por los que Dios nos pueda hablar, estará jamás en contradicción con la Palabra escrita, a la que originalmente se hacía referencia con la palabra griega logos, mientras que su Palabra hablada se denomina rema. Una porción de la palabra logos se convierte en rema específica para nosotros. Porque el conocimiento de la Palabra escrita de Dios es de vital importancia para discernir la voz de Dios. Si no conocemos la Palabra, no tendremos con qué comparar las teorías y argumentos que guerrean contra la perfecta voluntad de Dios para nosotros. Dios puede hacer brotar las respuestas escondidas en las páginas de su Palabra escrita. La sabiduría discierne la verdad en una situación, mientras que el sentido común nos proporciona buen juicio para saber qué hacer con esa verdad. Vivimos en un mundo real con situaciones reales y necesitamos respuestas reales; Si la gente escuchara a la sabiduría, se evitaría muchos problemas. Solamente el sentido común nos ayuda a razonar sobre el posible resultado de nuestras decisiones y a saber qué camino deberíamos tomar. Usa el discernimiento, la sabiduría y el equilibrio; y si Dios está tratando de hablarte o de decirte algo por medio de un sueño, estoy segura de que tendrás la confirmación en tu corazón. La profecía inspirada por Dios fortalecerá, alentará y confortará al que la recibe Existe una diferencia entre una persona que tiene el don de profecía y alguien que ha sido designado para el oficio de profeta en el Cuerpo de Cristo. Un profeta tiene una palabra más fuerte para la iglesia en general, mientras que aquel en quien opera el don de profecía simplemente fortalece y anima a los creyentes en forma individual. Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación. La profecía debe ser conforme a la Palabra de Dios, y una palabra profética personal debería confirmar algo que ya está en tu corazón. Si una profecía viene realmente de Dios, Él hará que se cumpla a su tiempo.  La profecía tiene como propósito exhortarnos y animarnos con la promesa de Dios, mientras esperamos que Él la haga real en nuestras vidas.

 

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